martes, 10 de marzo de 2015

Unos cincuenta años atrás

"¡Feliz 50 Cumpleaños!"


Tal día como hoy, pero cincuenta años atrás fue la primera vez que te vi. Evidentemente, tú no te fijastes en mí, creo que estabas más preocupada en saciar otros deseos más primitivos, pero yo, igualmente primitiva, pero del neolítico ya, fijé mi mirada en esa cosita pequeñita, blanquita y con una espesa cabellera negra como el azabache que destacaba notablemente en esa minúscula cabecita. Luego miré a papá y a mamá y me pregunté (desde mi primitivismo) de dónde había salido yo tan bermellón, porque era obvio que tu cabellera guardaba gran parecido a nuestros progenitores.

Pensé, acaba de llegar y ya me está destronando y por una cuestión de pelaje. Todos se fijaban en ti y no paraban de elogiar lo bonita que eras, lo tranquila que eras y lo bien que comías y dormías y por supuesto, alzaban tu hermosa cabellera.

Pasé a un segundo plano, ya no era la protagonista, me lo habías arrebatado y con sólidos argumentos por los que aprendí, no sin un duro esfuerzo (“celillos”) a ser coprotagonista de la vida familiar.

A medida que fuiste creciendo, me fui dando cuenta que en verdad, me ganabas con creces en saber “enamorar al personal”. Tu docilidad, dulzura y humildad, además de tu carácter apacible, conquistaba los corazones de la gente que te iba conociendo y entre ellas estaba indiscutiblemente, yo.

Comencé, no sólo a quererte, sino que provocaste en mí una metamorfosis: pasaste a ser una de las personas más importante en mi vida y así, sin darme cuenta, yo también me había enamorado de esa pequeñita, dulce, cariñosa, simpática, comprensiva, generosa, bastante impresionable, muy intuitiva y de un carácter apacible, sosegado y en ocasiones, tan placentero que llegaba a ser grandioso estar a su lado y aprender de ella.

Y la vida te zambulló en historias preciosas, divertidas, carcajeantes, alegres, festivas, frías, tristes, desalentadoras, lamentables, penosas… Y como una noria, te volvió a dar otra vuelta y volviste al punto de partida, cuando se incorporaron a tu vida dos maravillosas personitas que ayudaron a comenzar a llenar los tremendos vacíos que te habían ido marcando la vida. 

La pequeñita de cabellera negra, se convirtió en una valiente jovencita capaz de enfrentarse a los más terribles ogros y gigantes tan sólo con su dulce talante, eufórico y lleno de optimismo y rebeldía, de fascinación y embeleso, y con aquellos que habían formado parte de su huella genética y que habían permanecido mitigadas por todas las férreas idas y venidas de una vida demasiado agotadora para cualquier ser humano. Y creció de tal forma que sobrepasó con creces todo aquello que la limitaba y por el contrario, yo me he ido encogiendo, no por los años de más que le llevo, sino por la posición que corresponde al tenerla junto a mí. 

Su altura moral, emocional, intelectual y como persona, es tan inalcanzable para muchos de nosotros que ni siquiera ella, jamás llegará a sentir algo así, porque su conducta y su actitud, la hacen aún más sabia.
            
Hoy reluce sus cinco décadas en cada poro de su piel, pero sobre todo hoy, nos encontramos con toda una mujer que ha sabido luchar no un día y fue buena por ello; ni un año y se convirtió en la mejor; sino que ha sabido y sabrá luchar toda una vida, y por eso es imprescindible.

A partir de ahora, estás nuevamente en el punto de partida y te queda toda la vida por vivir, para:

Ser feliz siendo tú misma, conforme a tus propios sueños e ilusiones y sintiendo la energía de vivir plena e intensamente.

Ser libre de elegir el camino o caminos a seguir, siendo sólo consecuente de tus actos y de tus palabras.

Ser totalmente consecuente que eres una mujer única, completa, irrepetible, imprescindible e irremplazable, porque en tu interior luce el don de la luz divina que te protege, te ilumina y te reafirma en tu altruismo.

Ser la protagonista de tu vida y con ello, la capacidad de discernir tu propio futuro y luchar para hacerlo, sin dejar de amar tu presente con todo tu corazón y entusiasmo.

Ser dadivosa con tus propios errores y con los de los demás, aprender de ellos y liberarte de las posibles cargas del pasado, para caminar liviana de equipaje, hacia tu vida nueva.

- Seguir siendo la persona que has llegado a ser quien eres, con cada experiencia vivida, con cada sonrisa, con cada lágrima, con cada abrazo, con cada mano dada y/o recibida; con tus posibles carencias y tus posibles potenciales.


Y por último, ¿sabes lo que he estado pensando estos últimos meses? Pues que si Dios, estuviera buscando un lugar en el Universo para vivir, estoy segura que elegiría tu corazón.

¿Nos los arrendarías a todos los que te queremos también para unos 50 años aproximadamente, años más o año menos?...


¡Feliz 50 Cumpleaños!

¡Sé muy feliz!

¡Te quiero muchísimo y te admiro más!



¡Hasta pronto, cómplice!


Vesta


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