jueves, 23 de julio de 2015

¡Sí Puedo vs. No Puedo!

"Creer que NO PUEDE!



Cuando yo era pequeña me encantaba ir al circo y lo que más me llamaba la atención siempre fueron los animales. Al igual que muchos niños y niñas, me impresionaba mucho el elefante. 

Recuerdo que durante su actuación, ese enorme y fuerte animal hacía ostentación de su fortaleza, de su peso y su tamaño, pero una vez que la actuación acababa y hasta que no regresaba nuevamente al escenario, el elefante se quedaba sujeto por una cadena que le aprisionaba una de sus patas, a una pequeña estaca de madera clavada en el suelo. 


Aunque el poste al que estaba sujeto, era minúsculo si lo comparábamos con su tamaño y teniendo en cuenta que apenas estaba enterrado unos centímetros en la tierra, y aunque la cadena era gruesa y potente, siempre me pareció evidente que ese tremendo animal que era capaz de arrancar un árbol sin aparentar el más mínimo esfuerzo, podría fácilmente retirar la estaca y huir. 

Lo que no llegaba a entender era el por qué no lo hacía. Me parecía una interrogante incuestionable y más que lógica. Así que a esa edad, sobre los seis o siete años, te diriges a los mayores y le preguntas esa duda para que ellos te la resuelvan, pero incomprensiblemente para mi, no supieron darme una respuesta adecuada, salvo uno que me explicó que no se escapaba porque estaba amaestrado. 

Entonces, surgió otra pregunta que aún era más obvia. Si está amaestrado y no se escapa, ¿para qué entonces lo encadenan? Mi cabecita se hacía un lío tremendo, una especie de batiburrillo donde las palabras y los conceptos formaban un amasijo de nociones sin un sentido propio y coherente. 


Pasó el tiempo y me olvidé del "gran misterio del elefante amaestrado atado a una estaca con una cadena gruesa y muy pesada" y sólo volví a recordarlo cuando un primo mío, contando lo que había visto en el circo, comentó la misma inquietud que la mía.  Ya con los años y con la ayuda de mi primo y de otros amigos y amigas que habían asistido a la misma actuación con el elefante, puede averiguar la tan ansiada respuesta. Entre tantos, algún listillo tendría que haber y no es por menospreciar a los demás, puesto que me menospreciaría a mi misma, sino que éste muchacho, nos llevaba unos años más que nosotros y tuvo las agallas necesarias para preguntárselo al domador del elefante. 


Bueno, no os hago esperar más. Según nos dijo, "el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño, casi al poco de nacer". 

Por un instante, mis ojos se llenaron de lágrimas al imaginarme a ese pequeño, inocente, ingenuo y bonachón elefantito atado desde tan temprana edad, como un esclavo, sin libertad y a expensas de un presunto "amo" que sería su adiestrador y que haría cualquier cosa con él para que aprendiera hacer lo que al "amo" se le antojara para deleite de niños y niñas como yo. Me sentí mal, sucia, malvada,... y completamente avergonzada de mi misma. 


Me imaginé al pequeño elefante empujando, tirando y sudando por tratar de soltarse de aquella estaca y de aquella cadena. Imaginé que lo habría intentado un día, otro día, otro día, otro día,... y otro día hasta que cuando volvió a probar y comprobó que seguía sujeto a esa estaca, que era muy fuerte para él, hasta que se limitó a someterse a esa situación y terminó exhausto y dormiría agotado y rendido. 

Llegó a aceptar su impotencia y se resignó a ese destino. Ese elefante, enorme, poderoso, fuerte,... no escaparía nunca porque ¡cree que NO puede!


Ese recuerdo se quedó registrado en su memoria y aunque ahora era todo un gran y hermoso elefante capaz de arrancar un árbol con su enorme fortaleza, tenía en su cabeza inscrita su impotencia y su incapacidad para no escaparse de esa estaca y de esa cadena; y lo peor de ello era, que jamás volvería a plantearse y ni siquiera a dudar de la posibilidad de escapar. ¡Nunca más lo intentó!




Cada uno de nosotros nos llegamos a parecer, en cierto modo, en algunas ocasiones, a este elefante: nos sentimos atados a cientos de estacas y vamos arrastrando nuestras propias cadenas que nos van restando libertad y nos van incapacitando para realizarnos como personas libres, emancipadas y soberanas de nuestra propia vida.


Caemos en la creencia del "NO PODER" hacer algo o llegar a ser algo, por el hecho de que un día lo intentamos y no lo conseguimos,  y ya nos sentimos incapaces de volverlo a intentar e incapaces de hacerlo, lo abandonamos para siempre.



A veces, este cartel de "NO PODER", nos los cuelgan otros y otras veces, somos nosotros mismos, pero lo cierto es que la única manera de saber si podemos, es intentarlo de nuevo, a veces, más de una vez, siempre que en el intento pongamos,

 "TODO NUESTRO INTERÉS, CORAZÓN Y PASIÓN"





"El pesimista se queja del viento,
 el optimista espera a que cambie,
 el realista ajusta las velas". 
(George Ward)




RECUERDA: ¡Ajusta tus velas! 




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* NOTA: 

Este cuento fue escrito por Jorge Bucay, pero lo que véis aquí, es una interpretación y adaptación libre que he hecho yo, del mismo. Su título original es "El Elefante Encadenado" http://www.miriamortiz.es/TEXTOS/VElefanteEncadenado.pdf

Si tenéis la ocasión de poderlo leer, os insto desde aquí para que lo hagáis. 

Yo encontré este cuento, en una de tantas páginas que hay en la red y en la que no aparecía reseña alguna de autor, por lo que di por sentado, que se trataba de una obra anónima como hay muchas por este mundo publicadas. 

Quiero además manifestar, que mi intención por tanto,  no fue,  ni sigue siendo la de plagiar una obra de este magnífico psicodramaturgo, terapeuta gestáltico y escritor argentino, sino darle un toque más personal y adaptarlo a mis pretensiones lingüísticas, semánticas y de transmisión de esta encrucijada que planteaba el cuento, en la que yo, al igual que tú o tú, nos hemos visto envueltos en algún momento de nuestras vidas. 

Desde aquí, quiero manifestar mi agradecimiento y mi enorme respeto, al doctor Jorge Bucay y a todo ese manantial de sabiduría con el que nos ha deleitado y sigue haciéndolo. 

¡Hasta pronto, cómplice!






2 comentarios:

Mónica dijo...

Como me ha gustado esta história, a medida que iba leyéndo ya sabía por donde ibas y desde aquí te digo, està história la has vivido tú en primera persona Un beso hermosa

Vesta Vesta dijo...

Mi querida amiga, lamento profundamente desilusionarte y tener que decirte que no he sido yo la que he vivido esa experiencia que se narra en este cuento; pero, sí he de comentarte, que he vivido la narración del mismo como si la hubiese vivido por completo.

Hice el cuento mío y lo adapté a mis modismos, a mi lenguaje y con vistas a quien iba a ser dirigido. Así, surgió para mi, este cuento y sus reflexiones posteriores.

Sin duda, para su autor real, Jorge Bucay, habrá tenido semejantes pretensiones, pero su forma de plasmarlo, aunque muy parecido (yo diría casi iguales) posee matices personales y de mayor relevancia de lo que yo jamás podría llegar a dar.

No obstante, te agradezco enormemente tu comentario y tu gran confianza en mí. Quizás algún día..., con el tiempo,...con mucho tiempo,... con muchísima sabiduría,...con una clara visión de la vida y de cómo resolver los conflictos pequeños o grandes con los que nos vamos encontrando todos los seres humanos a través, de nuestra vida,... y con la transformación en "Jorge Bucay", conseguiré vislumbrar la maestría de este GRAN maestro de la vida. Hasta entonces, ¡sé feliz, amiga!

Vesta, con cariño

* Premio Liebster Awards *

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Muchas gracias Estrella

* Afirmaciones Positivas Para Sanar Tu Vida *

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Louise L. Hay

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