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En vuestra memoria

sábado, 17 de septiembre de 2016

"¡Cómo Sobrevivir los días que la Oscuridad apaga tu Luz Interior!"

"¡Cómo Sobrevivir esos días que la Oscuridad 

consigue apagar tu Luz Interior!"




















No hay que temer a los días negros. Debemos aprovecharlos, porque nos ayudan a reiniciarnos y son los que nos indican que también habrá días claros.

Todos tenemos esos días negros y oscuros en los que nada sale derecho. En los que pesan las penas, nos hunde la amargura y los pensamientos se vuelven desordenados.
Puede parecer extraño pero, en realidad, no solo está bien tenerlos, sino que es hasta adecuado pasar por ellos.
La razón es sencilla: nos sirven de reinicio. Es como abrazar durante un momento a nuestros demonios, conocerlos cara a cara para, seguidamente, volver a levantarnos.
No obstante, todos estos procesos deben ser puntuales en el tiempo. Momentos en los que entrar para luego salir. Porque los días negros no deben convertirse en semanas ni meses negros.
Al malestar, al desánimo, al enfado, la frustración o la decepción se le vence. Para lograrlo, debemos hacer uso de adecuados mecanismos internos que pasamos a explicarte a continuación.

Los días negros constituyen paréntesis en nuestras existencias



Las personas solemos defender muy bien nuestros espacios privados

Vestimos gruesas armaduras y, en ocasiones, hasta habitamos detrás de máscaras de fingida alegría con las que mantenernos a flote la mayor parte del tiempo.

De algún modo, a todos nos han enseñado que los días negros no existen. Que, de experimentarlos, es mejor esconderse, disimular y avanzar como si nada pasara.

De hecho, hasta es común no tener tiempo para ello.

¿Cómo voy a permitirme un paréntesis para entender qué me pasa? ¡Con todo lo que tengo que hacer!
  • Si me duele la cabeza me tomo una aspirina, si estoy agotado me siento… Sin embargo, ¿qué hacemos cuando nos atrapan las penas, el desánimo y la tristeza?
  • Nadie nos ha enseñado a canalizar estas emociones. Por ello, antes de afrontarlas, solemos pasar una época en que, sencillamente, nos resulta más fácil hacer como si nada ocurriera.
Sin embargo, hay que tenerlo claro. Lo que duele se queda. Lo que no se afronta deja huella. Más aún: lo que no se resuelve persiste hasta enfermarnos física y emocionalmente.










La importancia de llorar cuando lo necesitamos

Si nuestra biología nos ha dado esta conducta es por una razón muy concreta. Llorar es un mecanismo fisiológico que sirve como catarsis emocional.
  • Es un canal de desahogo para nuestras emociones.
  • Este comportamiento caracteriza ante todo al ser humano (a día de hoy aún no existen conclusiones claras sobre si animales como los elefantes también lo hacen).
  • El llanto es la forma más saludable de aliviar tensiones, de oxigenarnos y de permitir que nuestro cerebro vea las cosas con mayor claridad.
  • Lo que un buen llanto no alivie no lo hace nada más.
En caso de que lo reprimamos, la tensión emocional se acumula y se somatiza. Es decir, ese malestar termina convirtiéndose en dolores de cabeza, cansancio, más malestar…

La importancia de detenerte cuando así lo necesitas

Deternos cuando somos conscientes de que llega uno de esos días negros no implica necesariamente alejarnos de todo o de todos.
  • Los días negros necesitan, ante todo, que “nos paremos” y tomemos conciencia.
  • Hemos de realizar un delicado viaje interior para ahondar en nuestras oscuridades. Saber qué duele, qué molesta, qué preocupa, qué nos bloquea.
  • Tomar conciencia es desenredar nuestro yo para sacar a la luz nuestras fragilidades y repararlas. Porque, en realidad, cuanto más gruesa es nuestra armadura, más frágil es el ser que habita en su interior.

Todos necesitamos abrazar a esos demonios para domarlos, para hacerlos pequeños y controlarlos.
No hay que tener miedo a verbalizar las propias necesidades. De hecho, algo tan sencillo como aprender a ser asertivos nos va a ayudar a conocer mucho mejor a la gente y sus reacciones.
Así pues, no temas decir que necesitas unas horas para ti solo. Para pensar, para pasear, para estar con tus pensamientos y, simplemente, desahogarte.
  • Asimismo, tampoco debe darte apuro pedir ayuda. Los días negros pueden volverse de gris claro, hasta azules, solo con compartir tus pensamientos con un amigo ante un buen café.
  • Los días negros son como tormentas puntuales que hay que dejar que exploten. Es necesario vivirlas para disfrutar después de ese viento refrescante, de esa atmósfera más pura donde toda la tensión ha quedado evaporada.
Dimensiones como la toma de conciencia de las propias necesidades, el desahogo emocional y el apoyo de un ser querido pueden ser vitales para afrontar estas situaciones.

¡Hasta pronto, cómplice!



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