* Con mis mejores deseos y con todo mi cariño *

viernes, 13 de marzo de 2015

Acorde con la vida

"Viento en popa y a toda vela"

Supongo que todos nosotros intentamos vivir conforme a lo que la vida nos va planteando y conforme a ello, nos vamos adaptando y acomodando, al fin y al cabo a nuevas situaciones, emociones, personas, sentimientos, trabajos, disposiciones,...

Creo que el principio de todo está en lo que implica semánticamente,  la palabra "intentar", es decir, desde el punto de vista de su significado, porque la vida es una especie de energía, duración, actividad,... que se caracteriza principalmente por la singularidad de ser "algo" que provoca un cambio. Supongo que en ésta pecularidad no tenemos ninguna duda. 

Todo lo que nos va sucediendo en la vida, produce un cambio en nuestras vidas. Algunas veces, esos cambios, son verdaderas transformaciones y en otros casos, son meras acomodaciones a las nuevas circunstancias. 

Yo comparo vivir con navegar, donde la embarcación que cada uno tenga sería nuestro propio ser y nuestras circunstancias, y el mar, el río o el lago por el que naveguemos, constituiría nuestra forma de existencia. Quizás, con un ejemplo se aclararía lo que pretendo transmitir. 

Pienso que sería un velero, pequeño, sin pretensiones, por tener ni siquiera tiene camarote, es muy simple. Eso sí, tiene su velamen, sus aparejos, un único mástil, su chaleco salvavidas, un par de remos, con una envergadura para un sólo navegante y con un casco de fibra como equipamiento.

La vela abultada por un viento suave, me lleva sigilosamente por la superficie del agua, sin contratiempos y mi barco navega con soltura, acorde con el tiempo atmosférico y con las corrientes del mar. Navego junto con los elementos y disfruto con ellos. Existe una acomodación entre sus cualidades y características, y las mías, y entonces, vivo. Pero, puedo navegar, dejarme llevar por el viento y la corriente, sin contratiempos, pero sin conexión con los elementos; entonces, sólo existo. 

Muchos de nosotros confundimos vivir con existir y dejamos pasar los días simplemente así, abandonándonos al tiempo y a los acontecimientos; preocupados por el mañana, por nuestro bienestar económico, social o cultural y nos dedicamos a esos intereses afanosamente, llegando incluso hasta la extenuación, para conseguir el máximo de dinero, de éxito o de ilustración que nos proporcionará el máximo de bienestar. Nos olvidamos de ir viviendo el día a día, el presente, el valioso y fugaz, momentáneo, irrepetible,... presente; y lo que es aún peor, dejamos de convivir y de compartir esos momentos únicos para nosotros, con los seres que más queremos y con los que sin ellos, nuestras vidas carecerían de su valor y del mismo anhelo de vivirla. 

Pero, en ocasiones, la vida nos puede traer mar de fondo, con lo que nuestro barco se tambalea y comenzamos a marearnos; o bien, puede llegar algo peor, como una tormenta o una fuerte borrasca con olas altas y potentes, con el mar moviéndose como si hubiese una batidora dentro de él, con la lluvia cayendo sobre nosotros y sobre nuestro pequeño barco y después de luchar horas y horas contra esa furia, terminamos agotados, sin vigor y maltrechos. Entonces, podemos esperar que nuestra propia naturaleza, nos colabore con la energía que precisamos o bien, nos quedamos tan exhaustos que precisamos de alguien que nos "eche un cabo". Son los casos en los hemos recibido un duro golpe en nuestras vidas, como la muerte de un ser querido, y precisamos la ayuda de un terapeuta que nos facilite las estrategias oportunas para poder sobrellevar ese tremendo y doloroso impacto vital. 

En estos casos, da igual que tengamos un simple velero de un sólo mástil o que tengamos un transatlántico o cualquier otro navio. El efecto de la tormenta siempre será contundente en todos los casos y siempre existirán personas que podrán superar esas ausencias por sí mismas y otras que precisarán ayuda especializada o tal vez, más tiempo para asimilarlas. 

Pero, hay algo más. Algo aún más terrible y espantoso: nuestro navío pierde el rumbo porque nosotros caemos en un abismo que nos impide manejar nuestra propia embarcación y entonces, dejamos de estar acorde con la vida. En todas las facetas anteriores, hemos estado de un modo mayor o menor, en consonancia con la vida; pero en esta, perdemos totalmente el control sobre nosotros y entonces es la vida la que viene a buscarnos para acomodarse a nosotros, colocarnos un flotador o salvavidas y arrastrarnos a tierra firme. En estas ocasiones, nos hemos visto involucrados muchos de nosotros, todos aquellos que por una u otra razón, o por un conjunto de razones que se van acumulando y llegan un momento que nos pesan más que nosotros mismos, y nos hundimos; es cuando pasamos por un estado depresivo o nos quedamos en dique seco. Precisamos de mucho amor, paciencia, ayuda especializada, comprensión, creer en nosotros mismos y en la fuerza que nos hizo llevar el timón una y otra vez en todas las anteriores aventuras de la vida y salir victoriosos, y saber, que saldremos de ésta también, sólo necesitamos de mucho más cantidad y calidad de autoestima, mucha más cantidad y calidad de autoseguridad en nosotros mismos, y de mucha más autoconfianza en nuestra vuelta a navegar y disfrutar de las nuevas singladuras que nos han de venir en este inmenso y ancho mar. 

Sólo me queda desearte, mi querido cómplice: 

"Viento en popa, a toda vela"



¡Hasta pronto, cómplice!


Vesta



2 comentarios:

Mónica dijo...

Cuanta verdad hay en ese escrito, te felicito me ha encantado

Vesta Vesta dijo...

Muchísimas gracias por tu valoración y especialmente, por haber participado en el blog.

¡Sé feliz!

Vesta

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Muchas gracias Estrella

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