domingo, 31 de julio de 2016

"Descuidar Mis Penas"

"Dejar Pasar La Vida Sin Preocuparme De Mis Heridas"


Cada uno de nosotros tenemos heridas, muchas de ellas parecidas, pero jamás iguales porque cada una de ellas, representa una pena que únicamente nos ha tocado vivir a cada uno de nosotros. 

Algunas de estas heridas las hemos superado con mayor o menor éxito, mientras que otras precisan de un mayor esfuerzo por nuestra parte, un tiempo mayor para cicatrizarse, o bien, necesitamos de una ayuda externa que nos confíe los pasos a seguir para superarlas. 

Es cierto, que para algunos de nosotros, la vida nos coloca experiencias comunes muy duras, lastimosas, desgarradoras, tristes,... muy tristes, en edades más o menos tempranas y es el tiempo, y la propia vida, la que nos ayuda a aceptarlas y en muchas ocasiones, superarlas.

Todos tenemos heridas, pero ninguna es igual. Algunas heridas las superamos con éxito, mientras otras necesitan un poco más de tiempo para sanar. No es una única variable la que las incluye en un grupo o en otro, sin embargo, sí hay algunas que son más comunes que otras. Una de las más frecuentes en la atención que ponemos, precisamente, en la herida.

Pareciera que la herida nos apartara de todo mundo real y tangible y nos hace dar vueltas incesantes, agotadoras,... sobre el mismo tema, sobre la misma herida. Con ello, contribuimos a hacerla más profunda, que tenga un mayor protagonismo en nuestras vidas y que permitamos que nos maneje a su antojo. Son de las más difíciles de curar porque precisan una gran constancia, mucho sentido del humor que nos permita reírnos de nosotros mismos y lo peor, que jamás terminan de cerrarse del todo; siempre parece que deja una esquinita abierta para reabrirse cuando nos encuentra más débiles física y especialmente, emocionalmente.

Alejandro Sanz, hace unos años ya, cantaba eso de "tiritas pa' este corazón partío, tiritas pa' este corazón partío" y evidentemente, se refería a estas últimas heridas que he comentado. Porque poner "tiritas" a un corazón que está "partío" es como querer pegar con saliba un tacón de un zapato.  No es el modo, ni es el más eficaz, ni por supuesto el adecuado; pero Sanz, conocía a su corazón y sabía que ya tenía abiertas heridas anteriores y sólo pretendía colocarle unas "tiritas" para que aguantasen hasta la próxima embestida que sin duda, le daría la Vida.

También hay heridas que a pesar, de no ser evidentes a las otras personas que nos rodean, existen. Son verdaderas y muchas de ellas están aferradas a fuego lento y permanecen en nuestras vidas, mientras no les pongamos remedio. Son heridas que han dejado cicatrices y determinan cómo vemos la vida y cómo pasamos por ella: con miedos, con inseguridades, con resentimientos, con desalientos, con dolor, con sufrimiento, con menosprecios, con ...

Esas heridas cicatrizadas, me hacen recordar a las personas que más quiero y que más he querido. Esas personas capaces de curarte las heridas del alma con un abrazo, con muestras de cariño y de verdadero amor hacia mi persona, Esas personas que también extrañas, porque te han dejado de lado o porque simplemente, ya no están a tu lado; esas personas que con escuchar su risa, me lleno de alegría y que son capaces de restablecer mi corazón lleno de "tiritas" y hacer que nazca uno nuevo radiante de felicidad y de amor.  Hoy me he acordado de esas personas, que cada vez veo menos, que cada vez más se alejan de mi, aquellas que amo profundamente, aquellas que son las únicas capaces de robarte el corazón y devolvértelo como nuevo; pero que también, pueden hacerte el mayor de los daños con su indiferencia, con apartarse de ti hasta el punto, de prácticamente desaparecer de mi vida y dejarte el alma hecha pedazos.

Y hoy, te pregunto a ti, mi cómplice: ¿cómo se sana esto?, ¿me dejará cicatriz?, ¿se hará una carga muy pesada que he de seguir llevando a mi espalda? , o tal vez, lo adecuado sería desvincularme  para siempre de esas personas, que aún queriéndolas, me dañan profundamente. Mi estropeado corazón se niega a alejarse de ellas, quiere seguir amándolas, quiere que lo quieran. No sé, voy a darle una tregua a mi corazón, voy a darle un merecido descanso y le rogaré que tenga en cuenta un posible aplazamiento, siempre y cuando, la otra parte hiciera lo mismo; porque en caso contrario, el batacazo sería aún peor.

Sin embargo, me he propuesto no estar tan centrada en mis penas y desdichas; voy a darle un margen al tiempo, a mi corazón y a mis sentimientos, y voy a suspenderlo de todas sus labores, para dar aún más tiempo a que coloquen los sentimientos en su lugar, las emociones en sus pistas de control y el dolor, en la sala de curas.



¡Hasta pronto, cómplice!



 

1 comentario:

Carla García dijo...


¡Hola cómplice! Sé que es un dicho muy popular pero el tiempo lo acaba curando todo, como tú dices hay heridas que tardan mucho en sanar ¿Sabes cómo sé yo que han sanado? Cuando lo pienso y no me dan ganas de llorar u otro sentimiento y sólo lo veo algo lejando. Las personas que nos faltan, depende del sentimiento y parentesco no se van a olvidar nunca, porque para mí todo el mundo deja una marca, más fuerte o ínfima, pero se puede vivir igual sin ellas.

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